jueves, octubre 13

No puedo convencerte de que te vuelvas feminista.

No puedo convencerte de que hay otra forma de vivir.
No puedo convencerte de que en la televisión hay tanta violencia como en la calle, que tiene más alcance y entra más profundo en nuestra psiquis por ser implícita y por estar naturalizada.
No puedo convencerte de que la persona que se prostituye no lo hace por gusto, ni puedo convencerte del peso y la significación que tiene considerar un trabajo el vender el cuerpo para satisfacción ajena.
No puedo convencerte de que no le digas puta, gato, cornuda a esa mujer,
ni de que no le digas puto, maricón, afeminado a ese hombre;
no puedo convencerte de que eso sólo te limita a vos y empobrece tu visión de la vida.
No puedo convencerte de que te vuelvas feminista,
no puedo convencerte de que lo trascendental no son unas pintadas en la calle,
no puedo convencerte de que no generalices,
de que lo que hagan 50, 100 o 500 personas, no engloba a 90 mil.
No puedo convencerte de que los estereotipos de genero lastiman tanto al hombre como a la mujer,
ni puedo convencerte de que lo ejercen tanto mujeres como hombres.
No puedo convencerte de que te muestres como sos: sensible, miedosa, afectuosa, capaz, fuerte, vulnerable, protectora, dependiente y autónoma.
No puedo convencerte de que te muestres como sos: sensible, miedoso, afectuoso, capaz, fuerte, vulnerable, protector, dependiente y autónomo.
No puedo convencerte de que esos adjetivos no se contradicen, ni de que unos no pertenecen a un género y otros al otro.
No puedo convencerte de que todo el odio que pones en algo, en alguien, no es más que un reflejo de lo que odias en vos mismo.
No puedo convencerte de nada de esto, no puedo obligarte a compartir mi opinión, ni forzarte a que mires el mundo desde mis ojos, porque yo tuve mi historia y mis experiencias personales que hoy me hacen ser quien soy. Y está bien que no estés de acuerdo, tal vez a mí me falte camino por recorrer para pensar como vos, y tal vez a vos te falta toparte con situaciones distintas para cambiar de opinión.
Está bien también que maltraten, que generalicen, que estereotipen, que discriminen, que sean violentos, que consideren importante lo que consideran importante y que odien profundamente. Todo eso está bien, porque tampoco te voy a poder convencer de esto:

No te considero un enemigo, te considero una víctima más.

Y bajo esta consigna es que creo en enseñar, en informar, en inculcar los valores a los que desafortunadamente no tuvieron la oportunidad de aprenderlos de su entorno, creo en ser paciente y comprensivo, en ejemplificar y actuar acorde a mis palabras, en transmitir amor, respeto e igualdad en vez de sólo decirlos, en conducirme bajo una ley primordial: no hacer, decir ni pensar de otros lo que no quisiera que hagan, digan o piensen de mí. Creo en el cambio, creo en abandonar las estructuras viejas, que ya no sirven, creo en que es posible, creo en la revolución, y creo en que empieza en uno mismo.


                                                     


























Foto: Cusco, Perú. Septiembre 2016.

No hay comentarios:

Publicar un comentario